Por todos es conocido que el nombre de Mariano Benlliure, es sinónimo de calidad y buen hacer en el Arte de la Escultura. Es más, sería una injusticia desmedida el no reconocer que, D. Mariano Benlliure y Gil, fue el escultor español más importante de la vertiente realista en el último tercio del siglo XIX y durante el siglo XX. Un genio a todas luces, sin lugar a dudas.

El maestro nació en Valencia un 8 de Septiembre de 1862. Desde muy niño y pese a que no articuló palabra alguna hasta los 7 años (1), tenía una predisposición innata para el Arte y muy especialmente para la Escultura.

Si bien su formación fue autodidacta, no cabe duda que el ambiente en que creció le influiría poderosamente. En este sentido, no conviene olvidar que tanto su padre como sus hermanos, fundamentalmente, fueron artistas que alcanzaron notoriedad en esta época, aunque bien es cierto que ninguno alcanzará el nivel y la maestría de Mariano.

No vamos a detenernos en esta breve reflexión a analizar pormenorizadamente la fecunda producción artística salida de las manos del maestro valenciano. Para ello, remito al paciente lector que esté interesado en ahondar en la personalidad y en la obra de Mariano Benlliure, a la lectura de la monumental monografía que, mi querida amiga Dª Violeta Montoliú Soler, publicó en 1997 y que, afortunadamente, el pasado año volvió a ser reeditada (2).

Aún así vamos a intentar esbozar, aunque de forma muy breve, un retrato artístico del maestro valenciano, pasando de puntillas por alguna de sus principales obras para terminar centrándonos, por el carácter cofrade de esta publicación, en su obra para procesionar.

De esta forma y, a sabiendas de lo arriesgado y lo equívoco que los encasillamientos y clasificaciones suponen para abordar cualquier estudio histórico-artístico, podemos reconocer cuatro grandes períodos en la vida y obra de Benlliure, a través de los cuales, puede apreciarse su evolución estilística y estética, aunque sin perder jamás el horizonte del realismo.

 

1. De sus orígenes a la obtención del éxito. 1862-1884.

2. El triunfo. 1885-1902.

3. Período de Plenitud. 1903-1936.

4. La última etapa. 1937-1947.

 

Volvemos a insistir en el hecho de que esta clasificación supone un elemento puramente instrumental con fines didácticos, con el único interés de aproximarnos someramente a la personalidad y el torrente creativo de Benlliure. Así pues vamos a pasar sin más dilación al desarrollo de los puntos expuestos anteriormente.

 

1. DE SUS ORÍGENES A LA OBTENCIÓN DEL ÉXITO. 1862-1884

 

Como más arriba hemos apuntado, el interés y la fascinación que el Arte ejerció desde niño en Mariano y en sus hermanos, está justificado por la labor que desarrollará su padre, Juan Antonio Benlliure Tomás (1832-1907). Éste realizaba trabajos de decoración de viviendas dibujando falsas perspectivas, elementos de jardín, jarrones, guirnaldas…, una pintura ornamental muy del gusto de la alta sociedad de la época.

La necesidad económica le obligó incluso a pintar decorados teatrales, utilizando elementos plásticos a los que, años después, Mariano recurrirá para su producción escultórica.

Los ávidos ojos de Mariano, escudriñaban todo cuanto veía a su alrededor. Con apenas cinco años y, junto a su hermano Pepe, acudía al estudio de Francisco Domingo, joven pintor que por aquellos años ya descollaba apartándose de la tradicional tendencia clasicista y academicista a favor de la corriente realista.

Sin duda, estas lecciones sobre el Realismo, prendieron en el espíritu de nuestro artista, haciéndole abrazar una tendencia que jamás abandonaría en el resto de su vida y a la que interpretaría con su particular visión.
A penas un año estuvieron en este estudio, tiempo suficiente para que, mientras José aprendiera pintura y Mariano, entre juegos, modelase en cera las más sorprendentes formas, se le recomendase que éste último recibiese lecciones de escultura.

Sin embargo Mariano no asistiría jamás a Academia alguna, por lo que, como él mismo relatará años más tarde, su formación fue autodidacta. “[…] No asistí jamás a Academias ni he tenido maestros, así que me he formado solo, en total libertad […]”.

Con 12 años, se presentaría en sociedad como escultor, con la obra, realizada en cera Frascuelo entrando a matar, donde ya se advierte una de las pasiones que acompañarán a Mariano a lo largo de su vida, la pasión por los Toros. Dicha obra fue expuesta en el Ateneo Científico, Artístico y Literario de Valencia y las críticas que los especialistas hicieron de ella, auguraban al joven artista un futuro lleno de éxitos. No se equivocarían.

Más tarde llegaría a Madrid, dónde su hermano José se había instalado. Allí realizaría dibujos y obras en cera que iba vendiendo por poco dinero. Sin embargo, ello le permitiría entrar en contacto con la sociedad madrileña de la época. En estos años, copiaría obras maestras de pintura en el Museo del Prado, Velázquez, Goya…, y realizaría esculturas por las que, cada vez más, se iban interesando las personas más influyentes de la Corte (3).

Es interesante reconocer que, todo este contacto y aprendizaje en el campo de la pintura, resultará altamente beneficioso en la conformación del estilo de Benlliure. Así pues en su obra escultórica, la plasticidad de la pintura, será una de las características más peculiares que la obra del valenciano posea. Este gusto y conocimiento de lo pictórico, le permitirán abordar obras en el campo de la escultura, de temática atrevida y técnicamente opuestas al academicismo imperante en aquella época.

Un punto de inflexión en aquellos años y un hecho determinante, fue la presentación en la Exposición Nacional celebrada en el Palacio de la Fuente de la Castellana de su obra La cogida del picador. La obra tuvo muy buena acogida y la crítica supo ver las cualidades extraordinarias que atesoraba Mariano.

En estos años seguiría trabajando y aprendiendo. Viajará a Zamora para trabajar con su padre en la decoración de la casa de Francisco Cantero Villamil. Fue éste un hecho realmente importante puesto que, gracias a su amistad y mediación, Mariano recibió el encargo más importante que hasta entonces había recibido y que, posteriormente analizaremos, el paso de Jesús Descendido para la Cofradía del Santo Entierro. Tenía 16 años.

Más tarde, viajará a Roma, donde se imbuirá por el ambiente artístico y bohemio de la Ciudad Eterna. Allí tendrá oportunidad de conocer de primera mano el Arte Clásico, experiencia que, sin duda, le resultará altamente gratificante.

A su vuelta a España presentará, para la Exposición Nacional de 1884, una obra que como él mismo reconoció, le permitió darse a conocer plenamente como escultor. El Monaguillo o ¡Accidenti!, en el que de manera cómica recogió un hecho que a él mismo le sucedió al quemarse con un incensario.

El impacto de esta escultura fue tal que sin duda constituyó el aldabonazo definitivo a la carrera de nuestro escultor. Con ella, el maestro valenciano se apartaba de las corrientes academicistas que propugnaban una estética clasicista, o mejor neoclasicista, en la que los modelos de Antonio Canova (1757-1822) y su mirada a la Antigüedad Clásica, marcaron el devenir de la escultura oficial en aquella centuria.

El Monaguillo, recogía un tema insignificante de la vida cotidiana. No se trataba de un hombre ilustre, de un poeta ni de ningún hecho glorioso que, hasta entonces, mereciera ser inmortalizado por la Escultura. De su éxito y la sorpresa que causó en aquel momento se hacen eco los periódicos y la crítica de la época.

 

2. EL TRIUNFO. 1885-1902

 

En estos años comienzan a llegar los encargos más importantes. Encargos oficiales por parte de los diferentes gobiernos, nacionales o municipales, y encargos privados realizados por grandes personajes del momento, propiciarán que Mariano Benlliure vaya ocupando paulatinamente un lugar de privilegio entre los grandes artistas españoles del momento.

Bajo el mecenazgo del Marqués del Campo, volvería a Roma y viajaría a París, lo que le permitió conocer directamente las corrientes artísticas más novedosas que hervían en la ciudad del Sena.

En 1885 realizará en bronce el Monumento al marqués del Campo. Un encargo oficial de su Valencia natal que permite apreciar la fuerza y el vigor naturalista del maestro. Presenta al marqués con un amplio gabán sobre una levita, acompañado de su hijo adoptivo José María. A sus pies, una alegoría de la Caridad representada por una monja que enseña a leer a unos niños. A los lados y en la parte trasera, las representaciones de La Marina, El Ferrocarril y el Gas, aludiendo a la decisiva importancia que el Marqués tuvo en la modernización de Valencia.

Es reseñable el estudio anatómico que nuestro escultor realiza en los cuerpos desnudos, vigorosos, de composiciones muy cuidadas. No menos importante resulta el cuidado que pone en los detalles, sin dejar un elemento, por pequeño que sea, por tratar perfectamente. Un mismo botón del gabán del Marqués muestra la minuciosidad y maestría con que Benlliure trataba sus obras.

Podríamos enumerar las numerosas obras que el maestro realiza en este período, pero sin duda, necesitaríamos horas y horas de lectura que no convienen aquí para no cansar al paciente lector.

Por citar algunas obras más de este período mencionaremos el monumento a María Cristina de Borbón, Madrid, 1892; el no menos excepcional Monumento al poeta Antonio Trueba en Bilbao, 1894 o el grandioso Mausoleo de su amigo, el célebre tenor Julián Gayarre, en el valle del Roncal en 1900.

También en estos años, aunque su inauguración se produciría en la siguiente centuria, realizará el conocido monumento a Isabel la Católica en Granada, como consecuencia de los actos que, con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América, promovió el Gobierno en la ciudad de la Alhambra.

 

3. EL PERÍODO DE PLENITUD. 1903-1936

 

En estos años es cuando se produce el que quizá sea el período más fructífero en la vida de Mariano Benlliure.

En 1901 tuvo lugar su ingreso en la Academia de San Fernando. El mundo artístico de la época saludan esta decisión y ven en Mariano a un artista con una potencialidad y una genialidad dignas de mención, por lo que los comentarios en este sentido fueron más que favorables y en franco aumento, hecho que propiciará que su prestigio y posición social se viesen favorecidos.

Ese mismo año, tras rechazar la Dirección de la Sección de pintura del Museo del Prado, la propia Reina Regente Mª Cristina, le pidió que se hiciese cargo de la Dirección de la Academia de España en Roma.

Mariano aceptó el reto pese a no agradarle nada el hecho de tener que ocupar cargos de relevancia, puesto que lo desviaban de lo que verdaderamente le apasionaba, esculpir. Aún así, la aceptación del cargo le favorecería tanto a él como a la Academia.

Una avalancha de encargos oficiales le sobrevino en estos años. Su puesto como Director de la Academia de Roma le permitió viajar por Europa y empaparse de las tendencias artísticas que surgían y se iban sucediendo una tras otra en el Viejo Continente.

Así pues realizará el Monumento a Alfonso XII o el Monumento a Goya, ambos en 1902; el Mausoleo de Sagasta en 1904 y los no menos grandiosos Monumentos al General Martínez Campos y a Emilio Castelar, en 1907.

Además de los encargos oficiales, no dejaron de faltarle los trabajos privados pagados por la alta sociedad de la época. Ninguna personalidad, ninguna ciudad, nadie que se preciase de poseer cierto posicionamiento social o estatus, quería quedarse sin su obra de Benlliure.

Así pues la misma Familia Real, realizará numerosos encargos, dentro del ámbito de lo privado, al maestro valenciano. En este sentido, conviene apuntar la extraordinaria relación que la Familia Real tenía con Benlliure.

No en balde visitaban a menudo el estudio del escultor en Madrid donde compartían agradables momentos.

En este sentido de trabajos en el ámbito privado queremos resaltar el Panteón de la Familia Moroder, en Valencia. Realizado en 1909, es una obra que sobrecoge al espectador cuando la contempla al verse sorprendentemente invitado, por un ángel, a atravesar una puerta de bronce y bajar a la cripta.

También en estos años es cuando se suceden el gran número de encargos monumentales para Hispanoamérica.

Tras la Independencia de las últimas colonias, Cuba y Filipinas en 1898, España no restablecerá unas relaciones aceptables con sus antiguos territorios hasta la segunda década del siglo XX. Es entonces cuando se estrechan lazos, principalmente motivados por las crecientes relaciones comerciales entre España y las nuevos Estados Americanos.

Los poderes públicos de ambos lados del Atlántico se intercambiarán regalos y los diferentes gobiernos españoles, encargarán a Mariano monumentos para ensalzar las figuras de militares y políticos de especial relevancia para aquellos países.

Es aquí donde se enmarcan las obras Hispanoamericanas de Benlliure tales como el Monumento al General Sanmartín en Lima, 1924 o el Monumento a Simón Bolívar en Panamá, 1926.

Sin embargo, aunque las relaciones entre España y sus antiguas colonias mejorasen ostensiblemente en estos años, lo cierto es que en España se respira un aire enrarecido. De nuevo Mariano capta en dos de sus obras la desazón política y la consternación popular cuan si de un fiel cronista se tratase.

Así en 1922 realiza el Mausoleo a Eduardo Dato, muerto asesinado un año antes como consecuencia de la crispación política que vivía el país en aquellos años. También realizará en 1926 el célebre Monumento a Joselito, cogido en la Plaza de Talavera de la Reina en 1920 y que provocó una gran consternación popular en todo el país. Mariano, testigo de excepción de aquel entierro, presenta al torero que es portado por un cortejo que no logra encontrar consuelo alguno por la desaparición del matador.

Los encargos no dejan de sucederse y por tanto Mariano no cesa de trabajar.

A los compromisos oficiales, le siguen a la par los privados. Son años también de enormes dificultades en el terreno familiar. En 1927 muere su compañera sentimental Lucrecia Arana. Las múltiples condolencias llegadas desde todos los rincones del país no logran consolarle. Únicamente en el trabajo encuentra paz y consuelo.

Realizará multitud de obras, especialmente practicará el género que más le agradaba, el retrato. Así destacaremos la escultura que realiza de su amigo Torcuato Luca de Tena, fundador de Prensa Española y ABC o los bustos de su nieto y de Carmen Quevedo de Pesanha, a la que conocerá durante la inauguración del monumento a Primo de Rivera en Jerez y que, desde entonces será su compañera sentimental hasta su muerte (4).

 

4. LA ÚLTIMA ETAPA. 1937-1947

 

En 1936 estalla la Guerra. A principios de 1937 Mariano recibe la visita de Victorio Macho y el poeta León, quienes pretenden convencerle para marchar a Valencia donde el Gobierno de la República, según ellos, había logrado reunir a un gran número de artistas e intelectuales para evitarles las penurias que habrían de sufrir en Madrid. A esta proposición el maestro responde con una tajante negativa.

Ese mismo año marcha a París, invitado por el Instituto de Francia, donde pasará una temporada y realizará algunas obras para mantener a su familia como el Busto de Petain. Su salud se resentirá y un derrame cerebral le tendrá postrado en cama, al borde de la muerte, unos meses.

En 1938, marchará a Portugal para terminar de recuperarse y allí seguirá trabajando.

Al finalizar la Guerra y con el nuevo Orden impuesto, Mariano vuelve a retomar el trabajo en su estudio de Madrid. Termina proyectos que ya estaban en marcha antes de la misma e inicia otros nuevos.

Con sus 80 años aún tiene fuerza para trabajar y aún le queda mucho por hacer. Por un lado, son los años en que se le demanda un tema muy de su gusto y que ya había abordado muchos años antes, el tema taurino.

En sus esculturas con esta temática recogerá las diferentes suertes y los diversos momentos de la lidia. Así El encierro, Alguacilillos, Paseíllo, Toro de Salida, Primera Vara, Hasta el puño, etc., un amplio repertorio en el que el anciano maestro supo plasmar todo su arte y genialidad.

Por otra parte, los encargos que años antes se le realizaba desde la oficialidad, son ahora sustituidos por una gran demanda de imaginería religiosa que pretende restablecer todo lo que durante la Guerra se había perdido.

De esta forma, nuestro escultor se volcará en sus últimos años de vida en la realización de escultura procesional. Zamora, Cartagena, Crevillente, Salamanca, Málaga, Úbeda, Andújar…, tendrán el privilegio de poseer una o varias obras del maestro valenciano.

Por seguir un cierto orden, citaremos algunas de las obras que nos legó en estos últimos años. Hemos de recordar que muchos años antes, como hemos mencionado más arriba, ya realizó un grupo para la Semana Santa de Zamora. Así, en 1877 realizó el grupo del Descendimiento para la Cofradía del Santo Entierro.

A modo de curiosidad hemos de decir que utilizó como modelo a distintos miembros de su familia. Por tanto el grupo constituye una auténtica galería de retratos familiares. Años más tarde, Mariano recordaba el disgusto del propietario del estudio, un estudio de alquiler, cuando advirtió que habían tenido que romper la puerta y parte de las paredes para poder sacar el grupo escultórico. También señalará durante la realización del mismo casi pierden la vida él y su hermano José debido a la mala combustión de una estufa, siendo ambos salvados casi inconscientes por su madre.

Años más tarde, en 1931 y también para Zamora, volverá a realizar otro conjunto formado por Cristo con la Cruz, un Cireneo y una Magdalena desplomada en el suelo, La Redención.

La composición de esta obra está marcada por la Cruz. También realizará los faldones del trono. Aquí ya vemos un modelo de Jesús con la Cruz que repetirá posteriormente.

Es un Cristo sin dolor en el rostro, que vuelve la mirada al cielo y con escasas alusiones al sufrimiento corporal. Es una tónica que Benlliure repetirá una y otra vez. Sus Cristos causan compasión, casi ternura, pero no por la sangre y el sufrimiento sino por la suavidad de sus rasgos y la expresión sosegada de sus rostros. Son rostros que dejan vislumbrar la divinidad a través de sus expresiones y sus miradas.

De igual forma la túnica, una túnica blanca, “símbolo de pobreza y pureza” según sus propias palabras, de amplios pliegues, desgarrada para dejar entrever la anatomía.

Ya en 1941 Benlliure tenía multitud de encargos de esta índole.

Como hemos dicho, las Cofradías se convertirán en su mejor clientela en estos últimos años. Debido a la gran cantidad de trabajo, contará con sus colaboradores Mariano Rubio y Juan García Talents.

Se acogerá a una tipología cristífera que era muy del gusto popular en aquella época y acorde con el sentimentalismo religioso popular.

El modelo de Nazareno que repetirá una y otra vez está basado en el Sagrado Corazón de la Catedral de Cádiz. Es un Cristo de perfiles suaves, enjutos, enfatizados al ceñir los pliegues de la túnica desgarrada a los pies. Así, en 1940 realiza para la Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza de Málaga el célebre Nazareno de El Paso.

Es sin duda una de sus obras más conseguidas. El perfil de Jesús se acoge la tipología étnica palestina, lo que muestra a un Benlliure siempre interesado por la búsqueda de un naturalismo veraz. Como antes hemos mencionado, es un Jesús sin sufrimiento en el rostro, casi triunfante pese a cargar con la Cruz y tras el sufrimiento extremo al que fue sometido.

Un año más tarde realiza tres obras más para procesionar.

El Nazareno del Prendimiento para Cartagena, el Divino Cautivo para Madrid y el Jesús Caído para Úbeda. Tres momentos distintos de la Pasión abordados con una maestría y una elegancia únicamente reconocibles en las obras de Benlliure. No conviene olvidar también sus Crucificados, como el de Andújar o el de Villanueva del Arzobispo, por citar dos ejemplos muy próximos a nuestra ciudad.

El Divino Cautivo es sin duda una de sus obras de imaginería más logradas.

Muestra a un Jesús con las manos atadas, túnica blanca con amplios pliegues, casi con técnica de paños mojados que permite reconocer la perfecta anatomía de la figura. El rostro de Jesús refleja su serena divinidad, con una mirada sosegada y pura que se pierde en el infinito. Sus brazos son fuertes y sus manos recuerdan a las manos trabajadas de un artesano, de un carpintero. Se presenta ante los judíos con la seguridad y conocedor de la inminente llegada de su Reino.

La tercera de las obras que realiza en este año es conocida por todos nosotros. Sobre de ella poco podemos decir que no se haya dicho ya.

Nuestro Jesús Caído, fue un encargo del Marqués de Bellavista al maestro Benlliure tras la destrucción de nuestro anterior titular en los desastrosos años de la Guerra.

Benlliure realiza a Jesús en actitud de levantarse. Repite la túnica blanca que recoge en su cintura para dejar desnudo el torso. En su rostro, no son visibles muestras de dolor. Levanta la mirada al cielo, de igual modo que en el Prendimiento de Cartagena, como si invocara resignado al Padre ante su inminente crucifixión.

Su expresión es más serena y sosegada que en el Caído que realizará un año después para el barrio del Cañavelar, en su Valencia natal.

Fiel a su actitud de acometer sus obras con total verismo, de nuevo las manos son unas manos trabajadas, fuertes y potentes. Si cuidadas son las manos no deja ápice a la improvisación en el resto del cuerpo, con una anatomía de armoniosas proporciones y particular belleza, sin idealización salvo en la policromía, donde omite cualquier referencia al sufrimiento carnal que viviera cuando fue flagelado.

En 1943, volvería a realizar otra imagen de un Jesús Caído, esta vez para su tierra. Es el paso de la Verónica, para la Real Cofradía de la Santa Faz de Valencia.

Se trata ésta de una composición diferente a la de Úbeda.

En ella Jesús aparece levantándose tras caer bajo el peso de la cruz. Su rostro refleja la tensión del esfuerzo que realiza, siendo, por tanto, menos idealizado que el de Úbeda. A nuestro entender es un Cristo más humano. A diferencia del de Úbeda apoya la mano en una roca en la que se ayuda para levantarse. Su mirada se dirige hacia la Verónica. También la túnica que le cubre es diferente. Los pliegues caen dejando entrever medio torso, un torso en el que tampoco se aprecian los estigmas del martirio al que ha sido sometido. Su color ya no es blanco sino morado.

Se completa con una sensacional imagen de la Verónica, tallada en su totalidad, la cual muestra a toda la humanidad y con rostro sereno la Santa Faz que ha quedado en el paño tras haberle secado la cara.

Es esta una de las obras cuyo encargo causó mayor satisfacción al maestro al ir destinada a su tierra natal.

A partir de 1945, su producción de esculturas para procesionar se centrará en la población alicantina de Crevillente, ciudad esta que atesora un buen número de obras del valenciano y en la que podemos visitar un Museo dedicado a Mariano Benlliure.

Para esta localidad realizará obras como La Magdalena, El Nazareno, Las Tres Marías, un Yacente, un Crucificado y una Dolorosa.

Respecto al Yacente, hemos de decir que existen dos más. Uno en Hellín (Murcia) y otro en Onteniente (Valencia). Se caracterizan por el excepcional estudio anatómico. Los presenta sobre el sudario, con el cabello suelto sobre el mismo. No reflejan, como es propio del maestro, signos de violencia a los que alude a través de la presencia de los clavos y la corona de espinas.

Mariano Benlliure murió como vivió, trabajando.

Realizaba las esculturas del paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén para Crevillente. Fue un 2 de Noviembre de 1947.

El duelo y la consternación que recorrió España de norte a sur, de este a oeste, fue ampliamente recogido por la prensa de la época. Políticos, artistas, personas anónimas… y un sinfín de personas pasaron por la capilla ardiente situada en su estudio madrileño.

Emocionante fue la despedida que le brindó Madrid como grande fue la última bienvenida que le brindó su Valencia natal.

A modo de conclusión y, como hemos mostrado en este breve texto, no debe quedarnos la menor duda que Mariano Benlliure ha sido uno de los más grandes escultores que ha dado este país. Fue un trabajador incansable, humilde y con una genialidad innata.

Su amplísima producción artística, muestra el talento que atesoró. Gozó de fama, prestigio y de respeto a lo largo de toda su vida. Jamás menospreció ninguna tendencia artística con las que compartió contexto histórico.

Se le acusó, por parte de la crítica afín a los movimientos de vanguardia de realizar obras de tipo académico. Nada más lejos de la realidad. Como hemos tenido oportunidad de ver, rompió moldes y trató temas alejados del tradicional repertorio académico clasicista. Conoció las tendencias de vanguardia en su época y eligió el camino del Realismo captado con su particular visión de las cosas. Apostó y ganó.

Han pasado más de 60 años de su muerte pero como todos los genios, sigue estando vivo. Su obra da fe de ello.

En Úbeda debemos sentirnos afortunados y orgullosos de tener una de sus obras. Los Cofrades de Nuestro Padre Jesús de la Caída y María Santísima de la Amargura debemos ser los primeros conscientes de ello. Nuestra Cofradía tiene como Titular una Obra de Arte de primerísimo nivel. Su salvaguarda es responsabilidad nuestra y como tal, debemos admirarla y protegerla para legarla a nuestros hijos y al resto de la humanidad.

 

Don Francisco Javier Ruiz Ramos

 Licenciado con Grado en Historia del Arte

 

1 “He sido mudo hasta los siete años en que comencé a decir algunas palabras. Luego tartamudeé mucho tiempo y tengo dificultad para hablar, incluso cuando me enfado soy más torpe de expresión […]”.

2 MONTOLIÚ SOLER, V. Mariano Benlliure. 1862-1947. Generalitat Valenciana, 2009.

3 Realizó una pequeña escultura que rememoraba la Entrada de Alfonso XII en Madrid y que fue presentada al monarca por D. Francisco Queipo de Llano y Gayoso, el cual le dio a éste 500 pesetas, poniendo la escultura en su mesa de despacho.

4 QUEVEDO DE PESANHA, C. Vida y obra de Mariano Benlliure. Espasa Calpe. Madrid, 1947.